Viernes, 19 de mayo de 2006

Quiso ser
Saint Dennis la reencarnación de
Wembley, sin prórrogas eso sí, pero no falto de emoción hasta los últimos compases del partido. Y es que las grandes gestas traen sudor primero, y lágrimas mdespués.
Los dos equipos saltaban al campo con sus habituales indumentarias, ambos decididos a dejar sus huellas en la historias de sus clubes, ambos con hambre y sed de título. Las aficiones rezaban a sus dioses particulares, a
Ronaldinho le picaba la nariz y a
Henry le pitaban los oídos, se hablaba de ellos y si te parabas a escuchar, sus nombres nadaban entre el murmullo de las gradas. Prólogo bonito, prólogo de Champions,
prólogo de fútbol en Saint Dennis.
Comienza el Partido.
Decía una leyenda blanca, llamada Juanito, que algo muy importante para ganar los partidos era dar el primer achuchón, golpear fuerte el balón y que hiciera ruido al dar contra las vallas publicitarias, para asustar y decir
“¡Aquí estoy yo!”, pero ayer no había camisetas blancas sobre el césped, las blaugranas y las amarillas dominaban el terreno de juego, y fueron las amarillas las que nos dieron los primeros sustos, los primeros “uys”. Y eran los redobles del corazón tras estos disparos, los que nos decían que estábamos ante una final de
Champions League.
Roja a Lehmann.
Y he aquí cuando vemos que cada maestrillo tiene su librillo, pues sin primer achuchón, sin avisar, sin dejar que el Arsenal se diera cuenta que allí, en el mismo terreno de juego en el que estaban jugando ellos, había otro equipo, y que además, ese equipo era el Barça, llegó la jugada clave del partido. Ronaldinho controla un balón a unos veinte metros de la frontal y se inventa un pase,
milimétrico, con escuadra, cartabón y samba brasileña, para dejar al León Camerunés, Samuel Eto'o, solo contra Lehmann. Samuel no falla, dribla con sobrada eficiencia y excepcional eficacia a Lehmann, y cuando éste último se encuentra batido,
agarra el pie a Eto'o. Sin embargo, el balón le cae a Giuly, que marca a placer el que debería haber sido el uno a cero del partido, pero sorprendentemente, el árbitro decide pitar falta y expulsar a Lehmann. Setenta y cinco minutos de partido por delante, un jugador menos y cero a cero, una decisión cuanto menos dudosa, la tomada por un colegiado que estuvo demasiado espeso en un partido, que no tuvo demasiada complicación.
A partir de la expulsión, el Barça se hizo con el control del partido. Los gunners eran menos, y se creían menos, no querían la pelota e incluso les costaba pisar el campo del Barcelona, pero en una internada esporádica de
Eboue, éste simula una falta y el árbitro, el linier y el colectivo arbitral que circundaba los límites del campo, muerden el anzuelo. Fue una de esas faltas en las que todo el mundo imagina la estatuilla dorada de Hollywood y el día en que ésta se confiera también a los actores de doblaje de escenas peligrosas, sin duda, Eboue,
Óscar a la mejor interpretación. Sin más, piscinazo, falta que saca
Henry y
cabezazo certero de Campbell. Uno a cero, y un pensamiento general que se convertía en eco y reverberaba sobre las cabezas de los culés ¿Cómo podemos ir perdiendo este partido?...
Lo que quedaba de primera parte fue más de lo mismo, de lo visto a partir de la expulsión, control del Barça, y un Arsenal que esperaba atrás y echaba balones a Henry, que sin un sólo jugador de los suyos en dos kilómetros a la redonda, debía hacer de héroe salvador y superpoderoso para intentar rematar la faena. Sólo algunas apariciones del bielorruso
Hleb y algunos desbordes de
Ljungberg, que le hizo la vida imposible a Oleguer, llegaban a inquietar mínimamente a la defensa del Barcelona. A escasos minutos del final de la primera parte,
Eto'o recibe un balón dentro del área, se revuelve y suelta un trallazo que Almunia consigue desvíar con una mano rapidísima, el balón se estrella contra el poste cuando medio Saint Dennis veía ya el uno a uno dibujado en el luminoso. Y así acabó la primera parte.
A sufrir.
Comenzaba la segunda parte, los optimistas sabían que jugando así el
Barça tenía que darle la vuelta tarde o temprano, los pesimistas se echaban las manos a la cara, no querían ver, resoplaban y lo pasaban mal y los cinéfilos los empeoraban y les contaban que segundas partes nunca fueron buenas. Además,
Henry quiso disparar el corazón de más de uno, en un par de ocasiones de las que dispuso, sobre todo una muy clara, en un mano a mano con
Victor Valdés, donde éste, además de reafirmarse como un gran portero, le gana la partida. Y es que no era el día de Henry, ni el de sus compañeros, ni el de
Wenger, ni de cañones, ni de ingleses, ni era la hora del té, ni la de los amarillos, porque la noche quería ser blaugrana, y muchos queríamos que lo fuera y sabíamos que lo iba a ser, porque el Barça tenía el balón, el Barça llegaba y
Rijkaard decidió arreglar lo deshecho por él mismo, y meter a
Iniesta por Edmilson, y meter a
Belleti por Oleguer, y meter a
Larsson por Van Bommel. Y así, con el equipo del Barça en el campo, fue
Eto'o, el que tras una fantástica prolongación por parte de
Larsson, batía a Almunia por su palo, por el del portero, el primero.
Gol del Barça, el primero también, uno a uno, y a empezar de nuevo con un jugador más. Los optimistas decían
“¿Lo ves? Te lo dije”, los pesimistas sonreían y los cinéfilos se pasaban a la lectura y a los juegos de mesa, y casi sin tiempo para asimilar el empate, de nuevo
Larsson, incansable, da un balón interior a
Belletti, quien casi sin ángulo bate de nuevo a Almunia por bajo de las piernas. La fiesta estalla, Belleti se echa las manos a la cara, el Barça se ve campeón y optimistas, pesimistas y cinéfilos cantan juntos el
We Are The Champions, aún quedando diez minutos de partido.
Futbol control y final.
A partir de aquí el Barça aprovechó su superioridad numérica para marear a la perdiz mareada, fútbol control, a dejar pasar el tiempo, rondito de entrene y pitido final, sudor y lágrimas. Ganó el Barça, ganó el mejor y ganó el fútbol.
Enhorabuena Campeones.
Quayle
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